6to CapÃtulo y final con broche de oro: Alondra (General)
Para cerrar, Alondra.
1ra Parte:
Ya era mi último sábado de vacaciones, asà que tenÃa que aprovechar mi escapadita a este delicioso vicio del placer x paga. QuerÃa algo no tan bonito, pero bueno y barato. Asà que pensé en Alondra, mi proveedora del metro de San Antonio Abad.
Otra vez estaba lloviendo. Aun asà me bañé y lavé bien a mi herramienta. Salà a con el paraguas y chamara y me encaminé al banco a sacar unos morlacos.
Me dirigà en microbús, ya que en el metro iba a tardar años en llegar y como me da miedo ir en carro, pues lo pensé de verdad. Necesitaba velocidad, ya eran casi las 4 y a esa hora termina mi perversota de talonear.
Le mandé un mensaje para ver dónde estaba ella y si podÃa esperarme. Me dijo que no estaba en su acostumbrada esquina, sino en un hotel que está 2 calles adentro de la calle de Chavero y que sólo esperarÃa por mÃ, que serÃa su último cliente.
Ya me dirigà allÃ. HabÃa un buen de tráfico. Ella me mandó un mensajito diciendo: “Ya necesito que vengas a saciarme las ganas. Estoy bien cachonda para que me cojas.”
Eso fue aliciente para aguantar la lluvia. Le pregunto cómo viene vestida. Me responde: Justo como a ti te gusta papi. Ya ni pensarla. TenÃa que ir a darle su buena recogida.
Me pasé del otro lado de Tlalpan vÃa un puente peatonal. Me compre unos 3 cigarrillos para el nervio. Me fui fumando uno hacia el hotel.
Llegando a la calle de 5 de febrero, me llama para ver si yo estaba llegando. Le contesto que sÃ, que ya estaba por 5 de Febrero y Chavero.
Me dice: Apúrate cariño, ya quiero saborearte. Mmhmm. Esas palabritas hicieron que ya fuera sacando lubricante.
Llego a la puerta del “cinco letras” y le llamo para avisar que ya estaba en las afueras del hotelucho.
Me dice que ya se está preparando y que en unos segundos iba a la puerta.
Me terminé el primer cigarro y ella abre la puerta. Mhmmm Iba con un saquito negro, una blusa rosa bien escotada y una microfaldita negra. También llevaba las zapatillas negras de tacón alto con ligera plataforma, de las que ya le habÃa comentado que le hacÃan ver unas piernas deliciosas. Nos saludamos dándonos unos besos bien plantados en la boca.
Entramos. Ella me acaricia mi amiguito y yo le agarro descaradamente las nalgas a pesar de que el tipo de la caja nos estaba viendo. Le doy a ella 100 pesos para que pague la habitación y los condones.
En lo que el cajero nos cobraba, me puse detrás de Alondra para darle unos buenos arrimones. Ella por debajo me acariciaba mi arma letal.
Nos dan la llave. Le sigo acariciando el culo y ella se voltea para darme un besote de lengua. Nos dirigimos al cuarto y abrimos la habitación.
Entramos y cerramos la puerta y las cortinas pero dejamos la ventana abierta; nos disponemos inmediatamente a darnos un rico faje. Ella manoseando mis bolas sobre el pantalón y yo masajeando sus lindos pechitos. En eso ella me dice que dejemos las cosas en el tocador.
Me quité la chamarra y dejé el paraguas por allÃ. Ella me pregunta: ¿Y el otro paraguas> ¿Te lo voy a parar yo verdad> SonreÃ, no le respondà nada, sólo me acerqué a ella y comencé a besarle la boca de manera alocada.
Terminamos ambos llenos de saliva por todas las mejillas.
Asà fajando frente al espejo, ella me lamia el cuello y yo le apretaba su culo. Entre susurros comenzamos a negociar. Le comenté que querÃa la hora completa, pero sólo tenÃa 400, le aclaré. He de decir que ella cobra o me cobra 500 la hora más 100 del desnudo y cachondeo. Entonces, con voz cachonda me respondió que no podÃa ser la hora. Entonces le dije que para qué me alcanzaban los 400, ella me acaricia el amiguito y me responde al oÃdo: Pues un desnudo completo y todos los besos y caricias que podamos, ya sabes que eres cliente consentido. Asà cerramos el trato, entre lamidas de oÃdo y arrimones a sus caderas.
Rápidamente ella me quitó la camisa y me comenzó a mamar mis pezonsitos. Me barnizó todo el pecho y después trató de hacerme chupetones en el cuello. Le advertà que me los hiciera más abajo. Entonces ellas se puso cerca de mi pecho y comenzó a dejarme las marcas de los chupetones diciendo: Para que te acuerdes de mà toda la semana, mi rey.
En lo que ella me dejaba sus sellitos de seguridad, yo me deleitaba metiendo mano por debajo de su minifalda y trataba de colocar mi palma entre la separación de sus deliciosas nalgas.
Poco a poco le subà la faldita y comencé a darle unas ricas nalgadas. Ellas emitió varios quejidos que creo se oyeron afuera.
En eso trató de morderme el labio pero no la dejé.
Poco apoco se quitó el brassier y sin piedad le mamé sus pezones. Realmente un servidor estaba muy caliente y no paraba de succionarlos. Me decia: ¡Mi amor, estás bien cachondo!
Le respondà que sÃ. Que con tremenda hembra como ella, ¡¿Quién no>!
Ella se puso de espaldas y poco a poco vi cómo lentamente se bajaba la faldita. Se agachó como si fuera a recoger poco a poco una prenda. No pude resistir y le iba lamiendo las zonas que ella iba liberando de arriba hacia abajo. Besé como loco sus nalgas y metà mi nariz hasta su perineo. Mhmm!! Era un aroma delicioso, una combinación al olor de gel antibacterial de naranja, suavitel y un tenue llegue de aroma sexual. Me enardeció los sentidos y seguà besando sus piernas, pantorrillas, y la parte que no cubrÃan las zapatillas.
Entonces ella se sentó. Abrió su bolsa y me dijo:
Mira lo que te traje:




